Marco Aurelio, emperador Romano y filósofo (121–180 n.e.), además de gobernar y dirigir la defensa del imperio, en sus horas de retiro y descanso acostumbraba a escribir para sí mismo, conversando consigo mismo sería una mejor imagen, como una manera de reflexionar sobre la vida, la muerte, la amistad y otros temas.

Después de su muerte alguien recuperó y conservó sus apuntes y notas. Tiempo después comenzaron a difundirse, seguramente a través de copias manuscritas, hasta que en el siglo XVI fueron publicadas por primera vez como un libro impreso.  Desde entonces, el mundo ha conocido centenas y posiblemente miles de ediciones y reimpresiones en diversos formatos y decenas de idiomas.

No lo sé, pero algo me dice que Marco Aurelio nunca pensó en qué ese sería el destino de sus reflexiones personales, y quizás menos el verlas circular como mercancía. El impacto y el reto personal que produce su lectura sugiere qué la esencia de las Meditaciones sigue siendo la misma: es una conversación privada de Marco Aurelio consigo mismo; es una conversación privada de quien lee sus Meditaciones, consigo mismo o misma.

Curiosa y provocativa paradoja: un gobernante de la estatura histórica de Marco Aurelio, que más que triunfos militares y políticos, honores o reconocimientos, territorios ganados o perdidos, nos deja como legado una invitación de lo que él mismo puso en práctica: gobernarnos a nosotros mismos a través aprender a juzgar y decidir, reconocer nuestros alcances y el valor de lo que realmente depende de nosotros, y comportarnos con rectitud, respeto y justicia, teniendo como referencia el actuar ético y el bien común.

Ese legado de palabras es como un llavero en el que cada llave puede abrir y transformar aspectos de nuestra existencia. Algo que sugiere constancia y tiempo, y que ocurrirá siempre y cuando la humildad, agradecimiento y honestidad que despierte leerlas y reflexionarlas, se acerque a la honestidad, agradecimiento y humildad que mostró Marco Aurelio al escribirlas para él mismo.

Hay libros que se escriben para leerse de corrido y los de consulta para tratar de resolver dudas específicas. Algunos de los mejores, sin embargo, son los que necesitan leerse y releerse a ratos, poco a poco, sin prisas. Las Meditaciones de Marco Aurelio son para eso: originalmente unos apuntes personales y luego un libro que al mismo tiempo que se lee nos está invitando a escribir el libro propio de nuestra existencia. No veo cómo no hacerlo.